domingo, 2 de junio de 2013



Huellas.

Todos tememos a la muerte,
sólo nos lo callamos,
para animarnos con la vida,
a la que le tememos más.
No siento miedo a la vejez….
pero por dudas o por poca fe,
me desvelo ante la rutina
de vivir con puertas clausuradas.
Seguiré caminando con la vida de la mano,
la llevaré a cazar mariposas en el día,
y luciérnagas encendidas en la noche,
le leeré mis poemas,
a ella
y a todos los que quieran escuchar,
sólo por el placer del encuentro
(aunque parezca un slogan)
Bailaré todas las mañanas con mis fantasmas,
mis sombras, mis dragones,
que lo piensen bien…sí van a quedarse
y me acostaré con mis sueños,
para que sean eternos,
inalcanzablemente…bellos.
A mis amigos,
los invitaré a caminar,
senderos repletos de ollas con cantos de luchas,
y contagiaré,
a quién la descubra,
con la ternura que me habita,
y mientras pasen los años
iré tranquila envejeciendo,
sin advertirlo,
lo descubriré recién en los ojos de mis hijos, mis nietos
y tal vez de mis bisnietos,
a los que pienso atrapar en un gigante abrazo de arroz con leche,
recién entonces sabré de mi cosecha,
y cuando las huellas del tiempo,
que no saben de cirujanos,
se instalen en mi piel,
le gritaré al viento…
¡Soy feliz!
porque en ellos sigue,
inundándome el deseo de vivir.
Sólo por eso.

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